El poder de la Dieta Mediterránea: Un escudo contra la enfermedad inflamatoria intestinal

Estudios revela el impacto positivo de la Dieta mediterránea en la vida de pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales

Abriendo un camino hacia la salud y calidad de vida

Enfermedades inflamatorias intestinales: un nuevo enfoque terapéutico

Las enfermedades inflamatorias intestinales (EII), entre las que se encuentran la prevalente enfermedad de Crohn  (EC), se caracterizan por una inflamación crónica remitente y recurrente del tracto gastrointestinal. Otro ejemplo de enfermedad inflamatoria es la  colitis ulcerosa (CU), que se caracteriza por la inflamación y aparición de úlceras o llagas en el tracto digestivo, afectando al recubrimiento más profundo del intestino grueso, concretamente al colon y el recto. 

En lo que respecta al tratamiento de este tipo de enfermedades, existe un gran número de fármacos disponibles, pero la mayoría de ellos son para controlar la sintomatología, ninguno de ellos es curativo, además de que la remisión clínica se alcanza en menos de la mitad de los pacientes. Existen dos enfoques que se pueden adoptar de tratamiento, el que se utiliza para controlar la clínica en los brotes de actividad, para que desaparezcan los síntomas y evitar complicaciones, y el tratamiento de mantenimiento para mantener la enfermedad inactiva y evitar la reaparición de síntomas. Algunos ejemplos del abordaje terapéutico son los corticoides, salicilatos, inmunosupresores o terapia biológica. Pero recientes estudios han demostrado que hay otras formas de tratar este tipo de enfermedades, más allá de los tratamientos habituales. Una de las esas nuevas estrategias que se maneja, es la Dieta Mediterránea.

Estudios que revelan el papel de la Dieta Mediterránea

En este contexto toma importancia la dieta mediterránea. La acumulación de tejido graso y la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) son afecciones asociadas con la enfermedad inflamatoria intestinal. Se ha demostrado que la dieta mediterránea (Md) mejora tanto la obesidad como la NAFLD.
 
Hasta ahora se ha subestimado el papel de la nutrición en el tratamiento de la EII. Sin embargo, la dieta occidental caracterizada por un bajo consumo de fibra y un alto consumo de grasas podría empeorar la inflamación intestinal. Estos pacientes se caracterizan por un desequilibrio entre la masa magra y grasa, y se observa con frecuencia condiciones de sobrepeso y obesidad. En estudios anteriores se ha demostrado que el tejido adiposo visceral es una fuente importante de citoquinas o “mensajeros químicos que activan al sistema inmunitario”, que favorecen la inflamación de varios órganos, incluido el intestino. Las evidencias experimentales sugieren que la dieta mediterránea podría contribuir a prevenir la aparición de disbiosis, es decir, evita el desequilibrio de la microbiota intestinal, al sostener la presencia de especies bacterianas antiinflamatorias.

En el Hospital Universitario Monserrato, la Universidad de Cagliari (Italia) llevó a cabo un estudio con el objetivo de conocer el impacto de la dieta mediterránea sobre  la actividad clínica de la enfermedad y la calidad de vida de estos pacientes. Los sujetos estudiados, tanto con enfermedad de Crohn como colitis ulcerosa, siguieron una dieta mediterránea durante 6 meses, tras los cuales se evaluaron diferentes parámetros para determinar el efecto de la dieta sobre diferentes aspectos relacionados con la enfermedad y salud de los pacientes.
 
La dieta de los pacientes se basaba en la última actualización de la Pirámide de la Dieta Mediterránea creada por Bach-Faig A, Berry EM, Lairon D, et al. Entrando en detalle, está dieta se basaba en añadir más de 2 porciones de verduras, frutas y cereales en cada comida, el aceite predominante era el de oliva. Las legumbres, el pescado/marisco y las aves se debían consumir dos veces a la semana. Se recomendó también un bajo consumo de carnes rojas y dulces.  

Por una parte, en los pacientes con CU, tras haber adoptado dicha dieta, no solo se consiguió disminuir la grasa corporal grasa junto con el IMC sino que el grado de esteatosis hepática o “enfermedad del hígado graso”, en la mayoría de los casos disminuyó, puesto que al comienzo del estudio el 8,33% presentaban esteatosis hepática de alto grado, un 15,48% un grado moderado y el 13,09% leve, mientras que  tras los 6 meses, los pacientes de alto grado suponían el 3,57%, moderado el 10,71% y leve 7,14%. Sin embargo, la masa corporal magra aumentó en un 1%, sin verse modificadas la grasa visceral ni los perfiles lipídicos séricos. 

Imagen obtenida del estudio "Multidimensional Impact of Mediterranean Diet on IBD Patients" sobre la colitis ulcerosa. (A) Esteatosis hepática antes del comienzo de la dieta mediterránea y después de los 6 meses (180 días). (B) Actividad de la enfermedad según la puntuación de Mayo parcial (PMS)).

Lo mismo ocurrió con los pacientes con EC, puesto que pasamos del 18,97% de pacientes con esteatosis hepática de alto grado a un 3,45% del total tras la dieta mediterránea. Esto se relaciona claramente con una disminución de la actividad de estas patologías. En lo que respecta a los factores inflamación, como puede ser la alanina aminotransferasa, la gamma glutamil transferasa o la proteína C reactiva, los niveles de ambas se redujeron significativamente, lo cual supone una menor contribución a la enfermedad. 

Imagen obtenida del estudio "Multidimensional Impact of Mediterranean Diet on IBD Patients"sobre la enfermedad de Crohn. (A) Esteatosis hepática antes del comienzo de la dieta mediterránea y después de los 6 meses (180 días). (B) Actividad de la enfermedad según el índice parcial de actividad de la enfermedad de Crohn.

Adicionalmente, la dieta mediterránea tiene un efecto directo sobre la microbiota intestinal, puesto que se observó que se produjo un aumento en la presencia de ciertas especies bacterianas que tienen un efecto antiinflamatorio, todo ello favorecido por el aumento de los ácidos grasos de cadena corta característicos de esta dieta tan especial.

A todo ello debemos añadir que se produce una clara mejora en la calidad de vida de los pacientes, tanto física como mentalmente, relacionada con la disminución de la actividad de la enfermedad intestinal acompañada de la reducción de los factores implicados en la inflamación característica de dichas patologías. En este aspecto, cabe destacar la importancia de adoptar ciertos hábitos dietéticos, puesto que estos pueden tener aspectos muy positivos como es el caso de la dieta mediterránea, o por el contrario, efectos negativos que pueden favorecer la aparición de ciertas enfermedades.

Es por ello que, ante enfermedades tan prevalentes como la EII, es preferible llevar una dieta saludable, como lo es la dieta mediterránea. Así lo expresó Henríquez et al: “existe una asociación lineal directa entre la adherencia a una dieta mediterránea y algunos aspectos de mejora la calidad de vida física y mental”. Además, la reducción del IMC relacionada con un estilo de vida saludable podría favorecer esta mejora, aunque se necesitaría realizar un estudio a largo plazo, con una duración superior a 6 meses, para comprobar que la disminución de esta medida es significativa. 

Lo más llamativo de estos descubrimientos es que está en las manos de la población la mejora de los síntomas de la enfermedad. Los españoles tenemos la suerte de tener la influencia de esta dieta saludable. Según un artículo publicado por R.Fernández-vergel, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, nos estamos alejando progresivamente del patrón protector de la dieta mediterránea, por lo que se deberían instaurar programas de información dirigidos a la población general con la finalidad de modificar los hábitos alimentarios y reconducirlos paulatinamente hacia unos hábitos más saludables.

Por tanto, tras varios estudios se puede determinar la importancia de un enfoque multidimensional en el manejo de la EII, no solo limitado al tratamiento farmacológico de la enfermedad, sino también a la necesidad de llevar una dieta saludable, rica en frutas, verduras, cereales y aceite de oliva.

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