El lenguaje de los genes: cómo la dieta y la nutrición hablan con nuestra epigenética en el Cáncer

 ¿Te has preguntado alguna vez si lo que comemos puede influir en el riesgo de padecer cáncer? ¿La dieta es capaz de modificar nuestro epigenoma? ¿Hasta qué punto podemos controlarlo? 

En los últimos años está siendo de gran interés la búsqueda de mecanismos moleculares por los que los factores dietéticos están implicados en el riesgo de sufrir cáncer. Es decir, alterar la dieta puede a su vez causar alteraciones genéticas y esto podría impulsar o no el proceso de formación de un tumor, lo cual nos lleva a pensar en la importancia que tiene cuidar nuestra alimentación. Pero ¿Cómo puede la dieta siendo un factor ambiental modificar el genoma del ser humano? La respuesta a esta pregunta es la epigenética.

La epigenética es la ciencia que relaciona el ambiente y la genética, centrándose en estudiar los cambios del ADN que no implican alteraciones en la secuencia de los nucleótidos que lo componen. Los nucleótidos son como los andamios que forman esa estructura de ADN en forma de doble hélice.  A groso modo, imaginemos el epigenoma como un paisaje, y la nutrición como la fuerza que moldea ese paisaje. Una dieta adecuada actúa como un jardinero que cuida y mantiene ese paisaje epigenético, mientras que una dieta inadecuada puede causar erosión y deformaciones en el terreno genético que favorece la aparición del cáncer. 

La alimentación ha cambiado en los últimos años con el aumento de consumo de ultraprocesados o también conocida como “comida basura”. Un abuso de dietas altas en grasas y el exceso de calorías consumidas, ha supuesto una alerta en el ámbito de la Salud humana. De hecho, el recién publicado Atlas mundial de obesidad 2023 predice que más de 4.000 millones de personas en el mundo, el 51% de la población global sufrirán sobrepeso y obesidad en 2035 (imagen 1)El Fondo Mundial de Investigación del Cáncer (WCRF) y el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer (AICR) han encontrado evidencia epidemiológica convincente para una asociación con múltiples cánceres.

Imagen 1. Obesidad y Sobrepeso global 2020-2035

Como bien se comentó en algunos párrafos anteriores, la epigenética es una ciencia extraordinaria, pues es capaz de enlazar como si de un nudo se tratase la genética y el ambiente. Nos explica porqué algunos factores que aparentemente no están relacionadas con la aparición de enfermedades como el cáncer (como es el caso de nuestra alimentación, el lugar donde vivimos, actividad física o hasta los niveles de estrés) son capaces de modificar nuestro ADN, que no es nada más ni nada menos que el conjunto de moléculas que van a determinar quienes somos.

Como sabemos, el ADN dará lugar a los genes, los cuales podrán expresarse en mayor o menor cantidad en función de las modificaciones epigenéticas que estos sufran. Es decir, podríamos decir que la epigenética actúa como un director de orquesta el cual le dice a algunos genes cuando deben tocar su música más alto y cuando deben tocar más bajo o directamente silenciarse.

Cada vez se hacen más estudios que demuestran que los componentes nutricionales/dietéticos tienen un efecto sobre el riesgo de padecer cáncer de un individuo y que el mecanismo por el cual este riesgo se ve afectado es a través de las modificaciones epigenéticas del genoma de la persona. Una de las modificaciones epigenéticas más comunes es la metilación del ADN, la cual consiste en la adición de un grupo metilo (una molécula de carbono con tres hidrógenos) a uno de los nucleótidos que componen al ADN, concretamente a la citosina, provocando el silenciamiento de algunos genes que pueden estar implicados en la reparación de moléculas y que, sin ellas, nuestro cuerpo es más probable que desarrolle un proceso oncológico. Si seguimos con la metáfora de antes, diríamos que en este caso el director de orquesta ha ordenado dejar de tocar música a algunos genes.

Como ejemplo pondremos a los alimentos ricos en vitamina C como son las frutas cítricas (naranjas, mandarinas, pomelos…) y verduras como el brócoli, los tomates y los pimientos rojos y verdes. Esta vitamina C interviene en la desmetilación del ADN, provocando la liberación de ciertas enzimas, que son un tipo de proteínas  que ayudan a la reparación del material genético en caso de que se produzca una mutación, contribuyendo así a evitar algunos tipos de cáncer. 

De hecho, en un estudio de cáncer en células humanas se observó que la aplicación de vitamina C favorece la desmetilación y la reactivación de genes supresores de tumores en aquellas células que habían sufrido radiación de luz UV. Es decir, la vitamina C sería la directora de orquesta que hace que los genes que ayudan a suprimir ese tumor, toquen su música más alto.


Por lo tanto, sí que podríamos decir que la dieta mediterránea, la cual es rica en las frutas y verduras nombradas anteriormente, contribuye a una modificación del epigenoma, actuando como método de protección frente a la formación de tumores.


Asimismo, es bien sabido que el cáncer afecta en gran proporción a personas de edad avanzada, lo que tiene una clara relación con el ambiente inflamatorio que se crea en el organismo de estas personas como consecuencia fisiológica del envejecimiento. Esta inflamación crónica actúa como barrera selectiva permitiendo que ciertos cambios epigenéticos sean seleccionados y prosperen, generando unos clones que, si bien antes eran minoritarios, gracias al arduo entorno al que están sometidas nuestras células, su proliferación se ha visto favorecida. Este hecho se puede ver de manera repetitiva a lo largo de la historia de la evolución, un ejemplo de ello es la teoría de la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno que, aunque no está del todo clara, defiende que los habitantes por excelencia del planeta eran los dinosaurios y, tras la llegada de un asteroide que arrasó con todo a su paso (que haría referencia al ambiente inflamatorio), tan solo lograron sobrevivir algunas especies consideradas débiles y casi despreciables y que, sin embargo, fueron seleccionadas y evolucionaron, dando lugar a la vida que conocemos hoy en día.

Esta inflamación no tiene por qué deberse únicamente a la edad, sino que se ha visto que patologías como la enfermedad inflamatoria intestinal, la colitis ulcerosa o la enfermedad de Chron, son claramente posibles detonantes para la aparición de cáncer colorrectal, pues modifican la metilación del ADN encontrado en la mucosa del colon.

Si reenlazamos de nuevo el tema de la nutrición, encontramos un nuevo nexo entre cáncer y obesidad, puesto que ha sido demostrado que existe una relación directa entre el aumento del IMC y la edad de metilación del ADN, es como si nuestras células, desde un punto de vista epigenético, fueran más ancianas que nosotros mismos. Además, es bien sabido que la nutrición también puede tener un papel importante en la regulación de la inflamación, puesto que dietas altas en comida basura son claramente proinflamatorias, por lo que podemos deducir que la dieta puede afectar tanto directa como indirectamente a la predisposición genética a padecer cáncer.

Por lo tanto, podemos decir que los cambios epigenéticos se acumulan con la edad y que, la velocidad a la que estas alteraciones se produzcan va a depender del estado inflamatorio de la persona y, de nuevo, de su dieta, creándose así un eje metilación-envejecimiento-nutrición.



Como conclusión, tras estas consideraciones podemos asegurar que la importancia de la dieta va más allá de una buena imagen. Pues la frase “somos lo que comemos” nunca había tenido tanto sentido ya que, en efecto, nuestra alimentación influye en los procesos más esenciales de nuestro funcionamiento interno como seres humanos y, si tomamos consciencia de ello, podemos prevenir la aparición de problemas de salud tan importantes y recurrentes hoy en día como es el cáncer. Durante las últimas décadas gran parte de la población ha dejado de fumar porque ha aprendido que el tabaco provoca cáncer y, sin embargo, sigue alimentándose de comida basura diariamente, quizás es momento de aprender que los productos cancerígenos no siempre llevan un aviso en la caja.













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